CAIXABANK Y BANC SABADELL FINANCIAN AL GRAN FABRICANTE DE BOMBAS ESPAÑOL

 

Los dos principales bancos catalanes, La Caixa y el Banc Sabadell, conceden créditos millonarios a la industria militar. Las entidades que presiden Jordi Gual y Josep Oliu, respectivamente, han financiado desde el año 2013 con 200 millones de euros a un total de 14 empresas del sector de la defensa, tanto españolas como internacionales. La Caixa ha destinado 105 millones y el Sabadell 95, según los datos que facilita el informe ‘Banca armada‘, que elabora periódicamente el Centre Delàs d’Estudis per la Pau.

La principal empresa militar receptora de créditos de la banca catalana es Maxam, una gran transnacional española con una facturación de más de 1.000 millones de euros especializada en la elaboración de bombas y explosivos. Con todo, la apuesta por el sector de la defensa de La Caixa y del Banc Sabadell está muy lejos de la que hacen el BBVA y el Banco Santander, que en el mismo periodo han destinado un total de más de 5.000 millones, según denuncia el informe. La rentabilidad económica es el criterio principal para apostar por un sector alejado radicalmente de las finanzas éticas, que sólo apuestan por aquellos proyectos que tienen un impacto positivo en la sociedad.

Según el informe del Centre Delàs, entre 2013 y 2018 la “banca armada” española aportó 8.622 millones de euros a un total de 31 empresas militares o que dedican una parte de su actividad a este sector. En total, aportaron recursos 39 entidades, si bien alrededor del 60% se concentra únicamente en dos bancos: el BBVA y el Santander. Siempre según los datos del estudio, suman 5.198 millones (2.673 el BBVA y 2.525 el Santander), por delante de la empresa pública SEPI (2.147 millones) y una empresa como Acciona (481 millones).

Aviones de combate, explosivos, municiones, armas ligeras, submarinos militares, misiles, sistemas de tiro y guerra electrónica, tanques y blindados, helicópteros, drones y barcos de guerra… Según la última edición del informe impulsado por el Centre Delàs, las grandes entidades bancarias de España “pueden estar financiando” todos estos productos militares. El documento concluye que la “banca armada española, y en consecuencia sus clientes, contribuyen de manera determinante al armamentismo y a la militarización mundiales, haciendo que la opción del uso de la fuerza de las armas y su más terrible expresión, la guerra, sean más probables”.

Maxam, la gran multinacional española de explosivos

La Caixa y el Sabadell han financiado desde 2013 a empresas del sector militar con cantidades similares: 105 y 95 millones de euros, respectivamente. Ahora bien, el tipo de inversión difiere bastante. CaixaBank, por ejemplo, sólo ha dado créditos a Maxam (el estudio ‘Banca armada’ los cifra en 92,2 millones entre 2014 y 2016), si bien también ha aportado recursos a través de otras vías a compañías internacionales como ThyssenKrupp, Leonardo o Rheinmetall. En cambio, el banco fundado en la ciudad vallesana también ha dado préstamos a Maxam (unos 30 millones entre 2014 y 2016); pero, además, dio créditos por más de 30 millones a la estadounidense Orbital ATK y por más de 23 millones a AECOM. También ha aportado recursos a Indra y en United Technologies Corp.

La española Maxam es una gran transnacional en el sector de los explosivos, tanto en el ámbito civil como militar. La empresa, heredera de la histórica Unión Española de Explosivos, fabricó minas antipersonas y bombas de fragmentación hasta que la ley las prohibió. Produce todo tipo de municiones, además de bombas diversas. Entre sus clientes, además del Ejército español, están las fuerzas armadas de Turquía y de Israel y, según han denunciado algunas ONGs, también de Arabia Saudí y de los Emiratos Árabes. Recibe financiación de los principales bancos del Estado, ya que, además de CaixaBank y del Sabadell, también le abren el grifo el BBVA, el Santander o Bankia, además del público Instituto de Crédito Oficial (ICO). El 55% de la empresa está en manos de un grupo de sus directivos, mientras que desde el año pasado el 45% restante lo posee el fondo de inversión Rhône, que lo adquirió en Advent, otro fondo, señal de que las expectativas de negocio son elevadas.

CaixaBank: “Estamos comprometidos con los derechos humanos”

CRÍTIC se ha puesto en contacto con La Caixa y el Banc Sabadell para obtener su versión sobre el informe ‘Banca armada’. En respuesta a un cuestionario, el departamento de prensa de CaixaBank asegura que la entidad “no participa en el capital de empresas fabricantes de material de defensa” y “tampoco mantiene ningún tipo de relación comercial con empresas relacionadas con armamento controvertido, como minas antipersona, bombas de fragmentación, armas biológicas y armas químicas “o con “empresas que venden armamento a países o grupos sujetos a embargos de armas o con conflictos armados”.

CaixaBank se proclama “fuertemente comprometido con el respeto a los derechos humanos” y añade que “no financia operaciones vinculadas a defensa si se trata de comercio de material de defensa con intermediarios”, es decir, que, “sólo trabajamos con usuarios finales del sector público o empresas de seguridad privada“. Según la entidad, tampoco cuando “se trata de operaciones relacionadas con el comercio armamentístico en países con alto riesgo de vulneración de los derechos humanos”. CaixaBank añade que tiene una “política interna de actuación en materia de defensa” que, sin detallar en qué consiste, “determina los servicios financieros que podemos ofrecer al sector” y se “verifica el cumplimiento en todas las nuevas operaciones”. Si se incumple, “la operación se deniega”.

Créditos catalanes al sector militar norteamericano

En el ranking catalán de la “banca armada’, la segunda empresa con más crédito es la norteamericana Orbital ATK, actualmente llamada Northrop Grumman, gracias a cuatro préstamos recibidos del Banc Sabadell en 2013, que ascendían a casi 32,5 millones. La compañía diseña, construye y provee servicios vinculados con el sector de la defensa aeroespacial. Además, su tecnología contribuye a la creación de misiles, sistemas de defensa electrónicos para aviones de combate y también a la elaboración de armamento de precisión tales como torres de defensa láser. Entre sus clientes está el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, pero también Arabia Saudí.

El Sabadell también financió Aecom con casi 24 millones a través de dos créditos en 2016. Con una facturación global que supera los 20.000 millones de dólares anuales, Aecom se dedica, entre otras cuestiones, al mantenimiento de vehículos militares y también participa en la construcción de diferentes modelos de submarinos de guerra. Ha colaborado con más de 20 agencias del Gobierno de EEUU y ha realizado tareas de apoyo en zonas de conflicto armado, como en Afganistán.

A preguntas de este medio, fuentes del área de comunicación del Banc Sabadell comentan que la entidad “tiene un código interno que restringe la financiación de las empresas que se dedican a la fabricación de armamento“. El documento establece que “no invierte ni financia a empresas vinculadas al desarrollo, la fabricación, la distribución, el almacenamiento, la transferencia o la comercialización de armas controvertidas, según estas quedan determinadas en las diferentes convenciones vigentes de las Naciones Unidas”. La restricción también afecta a las armas convencionales “cuando exista el riesgo razonable de que estas armas serán utilizadas para cometer crímenes de derecho internacional o violaciones graves de los derechos humanos, como se establece en el Tratado sobre el comercio de armas de las Naciones Unidas aprobado en 2013”. Finalmente, también “se hace extensiva a los países sujetos a embargo de armas por parte de los organismos internacionales”, como el Consejo de Seguridad de la ONU, la Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea (OSCE) y la Unión Europea .

Opacidad y falta de transparencia de la “banca armada”

Entre las 31 empresas conectadas con el sector de la defensa que financia la “banca armada”, encontramos no solamente a empresas españolas como Indra, Maxam, Sener o Oesia, sino también a grandes grupos transnacionales como Airbus -donde participa la pública SEPI-, Boeing, Thales, Honeywell International, General Dynamics o Leonardo, entre otras. En algunos casos, la rama militar es la más importante de la compañía, mientras que en otros supone sólo una pequeña parte de la facturación, como puede ser en Indra, donde este ámbito aporta 180 millones de una facturación total que supera los 2.700. La cuestión, sin embargo, es que realmente no se sabe a que se destinan los recursos que aportan las entidades financieras. “Ahora mismo no podemos saber para que se utiliza la financiación, porqué tanto las empresas como las entidades lo ocultan. Lo único que podemos hacer es estimar el porcentaje que cada empresa dedica a cuestiones militares”, explica el investigador en paz y seguridad Jordi Calvo, que también es el autor del informe. El trabajo subraya que “es probable que la banca armada española esté financiando algunas de las armas utilizadas en escenarios de guerra actuales, ya que las empresas que reciben su financiación fabrican y exportan por todo el mundo”.

Sergi Salavert (FETS): “En las entidades tradicionales la opacidad es la norma; en la banca ética manda la transparencia”

Esta “opacidad” que se denuncia desde las ONG’s es, precisamente, uno de los elementos fundamentales que, a su juicio, diferencia la banca tradicional de la banca ética. “Las finanzas éticas sólo financian un tipo de economía que tenga un impacto positivo en la sociedad”, recalca Sergi Salavert, miembro de FETS – Finançament Ètic i Solidari y coordinador del Sello EthSI. “En las entidades tradicionales la opacidad es la norma, mientras que en las finanzas éticas manda la transparencia. Explican qué son, qué hacen con el dinero y de qué manera. Esto la gente lo debería poner en valor, porque se dice dónde se invierte el dinero y siempre son proyectos que tengan un impacto positivo en la sociedad, y esto es relevante”, añade Salavert.

La industria militar no tiene actualmente un peso demasiado importante en Cataluña, si bien según la recopilación del Centre Delàs hay algunas decenas de empresas que se dedican a ello de alguna manera y que tienen presencia catalana, con centros de producción, oficinas o delegaciones. Esto no significa, sin embargo, que la producción en Cataluña se destine al área armamentística. En concreto, las compañías citadas en el informe ‘Banca armada’ que tienen una presencia física en Cataluña son Airbus, en Barcelona; Indra, en Barcelona, Badalona y Lleida; Sener, en Cerdanyola del Vallès; Oesia, en Barcelona, y Thales, en Barcelona.

Artículo completo en Diari Critic:

CaixaBank y Banc Sabadell financian al gran fabricante de bombas español

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