FINANZAS ÉTICAS Y SOLIDARIAS EN TIEMPO DE EMERGENCIA SANITARIA

Por Nina González Fdez-Argüelles, coordinadora de FETS

Creíamos que contábamos con uno de los mejores sistemas de salud pública del mundo, y sin embargo nos faltan las camas y el material médico imprescindibles para responder a la emergencia sanitaria causada por la pandemia del COVID-19. Es la constatación en nuestras propias carnes de la acumulación de recortes y la falta de inversión en sectores fundamentales como la salud, que ha ido en paralelo a una financiarización[1] de la economía y a un sistema financiero que, en lugar de haber aprendido la lección dada durante la última crisis económica (y global), ha seguido facilitando y promoviendo las inversiones en un sentido opuesto: paraísos fiscales, inversión armamentística, destrucción medioambiental, especulación en sectores básicos como la alimentación, y un largo etcétera, tal y como vienen denunciando desde hace años las organizaciones ecologistas y sociales.

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El desmantelamiento de la sanidad pública, sin ser el único ámbito afectado, constituye un claro ejemplo de cómo este sistema está priorizando los intereses privados del gran capital frente a lo público y lo comunitario. Ese capital, que ha huido a los paraísos fiscales[2], es el que  ahora debería estar protegiéndonos frente a esta pandemia. Ese capital, que está financiando a la industria armamentística[3] y especulando, es el que debería haberse regulado para garantizar y cuidar nuestra casa común, nuestras vidas, nuestro planeta.

Necesitamos, ahora más que nunca, una economía que en lugar de destruir la vida la sustente. Tal y como muestra el Manifiesto de la XES, urge reafirmarse en los valores y principios de la economía solidaria como baluarte y barricada frente a la desolación a la que nos condena el modelo económico actual, pero también como embrión en gestación para sustituirlo. Poner la vida en el centro significa que las finanzas inviertan únicamente en economía real y no especulativa, y en aquello dedicado al bien común.  Significa también el cumplimiento de unos principios basados en la transparencia, la participación democrática y la sostenibilidad social y ambiental. Todo esto son, precisamente, las finanzas éticas y solidarias.

En el último año y según el Barómetro Estatal de las Finanzas Éticas, en 2018 las entidades financieras éticas invirtieron 1.474 millones de euros en proyectos transformadores, de los cuales un 23%  al sector social (vivienda, salud y bienestar, inclusión socio laboral, desarrollo comunitario, educación), y un 40%  a promover la sostenibilidad medioambiental (cuando todo parece indicar que la destrucción de los ecosistemas es una de las causas estructurales de la migración de virus hacia el ser humano[3]).

Frente a la vulnerabilidad, la desprotección y la destrucción generadas por este sistema financiero, tejamos una red de proyectos transformadores que nos cuiden, a las personas y al planeta. Hagamos crecer las finanzas éticas y solidarias. Con nuestro dinero. Con tu dinero.

Puedes conocer cuáles son las entidades que operan bajo los principios de las finanzas éticas así como los servicios y productos que ofrecen de ahorro e inversión y financiación a través del catálogo online Dineretic.

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[1] El ODG (Observatorio de la Deuda en la Globalización) define la financiarización como un proceso y una fase actual de la economía capitalista en la que las finanzas se han vuelto extraordinariamente poderosas, penetrando las vidas cotidianas de las personas y las decisiones políticas internacionales, nacionales, regionales y locales (https://odg.cat/es/financiarizacion/)
[2] La Plataforma por una Fiscalidad Justa, Ambiental y Solidaria denuncia la política fiscal y sus impactos: http://www.fiscalitatjusta.cat/
[3] La Campaña Banca Armada denuncia la inversión de los bancos en la industria armamentística: www.bancaarmada.org
[4] https://www.publico.es/sociedad/coronavirus-destruccion-ecosistemas-primer-paso-pandemia.html

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