Las finanzas éticas

Como respuesta a todo esto, y partiendo de la premisa de que el dinero tiene que estar al servicio de las personas, nacen las finanzas éticas y, dentro de ellas, la banca ética.

Las finanzas éticas son las que hacen compatible la rentabilidad económica y financiera con la consecución de objetivos sociales y ambientales.

La financiación ética incorpora la ética al conjunto del proceso de financiación. Los ahorradores, personas o entidades, ejercen su derecho a saber dónde se invierten sus ahorros y, por lo tanto, las entidades financieras dejan de financiar actividades éticamente reprobables e invierten sólo en proyectos con contenido social y medioambiental, y a su vez facilitan el acceso al crédito a los colectivos que tradicionalmente han estado excluidos.