Reflexiones ante la crisis pandémica actual

 Por M. Antonia Bartolí, presidenta de FETS

La crisis pandémica actual generada por el Coronavirus es una expresión más del modo de funcionar del neoliberalismo donde imperan los beneficios económicos a cualquier precio por encima de las personas y el entorno. A la crisis económica del 2008, consecuencia del mal uso del dinero por parte del sector bancario, a la crisis climática que nos rodea constantemente, fruto de los abusos y la tensión que los humanos infligimos a la naturaleza, ahora se añade la crisis sanitaria, que pone en evidencia la precariedad del sitema sanitario, como resultado de los grandes recortes de los servicios públicos y universales aplicados en la anterior crisis. El coste lo pagan las personas que no están en el círculo de los grandes poderes y en particular las personas y los colectivos más vulnerables.

En esta ocasión, directamente, el coste lo pagan ahora mismo las personas que trabajan en los servicios sanitarios y nuestros mayores, las personas dependientes que necesitan cuidados y acompañamiento, las sin hogar, familias i comunidades con pocos recursos… Siempre la misma canción. Y las consecuencias de esta crisis, cuando hayamos dominado el virus, volverán a recaer en las mismas de siempre, trabajadoras y trabajadores en condiciones laborales precarias que tendrán que ser atendidas por organizaciones sociales de ayuda humanitaria que afortunadamente existen y que habitualmente trabajan voluntaria y generosamente, pero que en estos momentos lo están haciendo con mayor intensidad… De nuevo se hace evidente la precariedad integral previa al coronavirus. “El covid-19 actúa como amplificador de desigualdades i necesidades previas”, dice Joan Benach en el diario ARA del 5 de abril..

En algunos contextos el neoliberalismo es entendido como una plaga natural contra la que no hay nada que hacer. En otros, se le ven más ventajas que inconvenientes, es la fórmula necesaria para vivir, se elogian las “libertades” de la ciudadanía para comprar, vender y ganar dinero a mansalva, y quien no lo consiga es que no se lo ha ganado, y por tanto se merece el castigo. En otros, menos duros, se mira con una mezcla de ternura y escepticismo a las personas y colectivos críticos que proponemos otras formas de vivir donde las personas y el planeta son prioritarias.

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Estos días es recomendable la lectura del artículo de George Monbiot, publicado el 1 de mayo de 2016 en el Diario.es. En él, entre otras muchas cosas, se nos dice que el liberalismo es una ideología a la sombra que fue definida por dos austríacos, Ludwig von Mises y Friederich Hayec, en Paris en el año 1938. El Keynesanismo había perdido hegemonía a raiz de las crisis económicas de 1970 y desde la óptica neoliberal emergente, se necesitaba un cambio. Dicho y hecho, ya tenían la alternativa preparada y como dice George Monbiot: “promocionada por una red de ricos promotores que financiaban comités de expertos, académicos, periodistas…” Y qué mejor que se moviera en el anonimato, sin concretar bien quién movía los hilos!.

Sin embargo existe una realidad que nos mueve a pensar en positivo. En pleno siglo XXI encontramos alternativas reales a este sistema. Son diversas y adoptan múltiples formas, pero todas con el objetivo común de priorizar el cuidado y la atención de las personas y del medio ambiente por encima de los beneficios económicos. La lista es muy larga y abarca diferentes sectores, desde la acción social hasta las finanzas éticas, pasando por la solidaridad y la cooperación, la educación, la cultura y la economía social y solidaria. Son entidades que desde hace tiempo trabajan y se enredan para un objetivo común, su reacción no es improvisada ni un lavado de imagen, su empeño por otro mundo alternativo viene de lejos y se proponen ir más lejos todavía.

FETS es una más de la lista y quiere contribuir a este objetivo común, es un instrumento más para visibilizarlo y hacer de altavoz de todas las entidades que trabajan por un mundo mejor, especialmente de las entidades de finanzas éticas cuya razón de ser es demostrar en cada momento que hay otra manera de hacer finanzas, de gestionar el dinero, priorizando a las personas por encima de los beneficios económicos, poniendo en práctica los valores y principios democráticos, de transparencia y de participación.

En este momento, como no podía ser de otro modo, las entidades de finanzas éticas ya se han puesto en marcha para atender las necesidades de socias y clientes, aplazando pagos, aplicando carencias a las organizaciones que lo necesitan, creando medidas de resistencia juntamente con movimientos y organizaciones sociales, participando en fondos coperativos de emergencia social y sanitaria.

Dentro del sistema de las finanzas éticas no debemos olvidarnos de los seguros éticos que comparten los valores éticos de mutalismo, tranparencia y equidad, ofreciendo productos con sello Ethsi, certificación que pone en valor la gestión ética de la organización en lo que se refiere a la inversión, la responsabilidad social y el fomento de la sostenibilidad sociasl y ambiental (ethsi.net). En la situación actual ya han puesto en marcha instrumentos solidarios y de subsidiariedad para sus miembros, como reducción de plazos en los pagos, suspensión temporal de coberturas, etc. (https://arc.coop/).

Los cimientos ya estan ahí, ya son reales y en el horizonte se entreve la esperanza que, más pronto que tarde, todas estas iniciativas, entidades, movimientos, forums mundiales se vayan consolidando y confluyan para construir un mundo mejor, justo, equitativo y sostenible.

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